Los viajes en la actualidad representan una válvula de escape a nuestro estrés, a nuestra lucha cotidiana. Yo tuve la suerte de hacer algunos viajes que significaron la forma de escapar de la monotonía e incluso ir al conocimiento de otras culturas. Pero fue tras mi viaje a la India en 1991 donde sentí una revolución interior. Pues la India, es un país del que su gran espiritualidad inspira dos sentimientos radicales y encontrados: o te repele, o te enamora… ¡Y a mí me enamoró!
Todo continuaría igual, pero no dentro de mí. Empezaron a ser resonantes gestos, personas, humildades en definitiva… Gentes que su muerte era una continuidad, su vida una donación.
Entendí el abrazo de Madre Teresa a sus pobres y la dejación de mercadería barata que representa lo cotidiano, desde el punto de vista de tener.
Seguí recorriendo otros países y se cruzaron en mi camino historias que inexplicablemente me inquietaban amorosamente.
Como sería Eritrea en 1995 el país más pobre y seco de la tierra. Fue otro duro golpe. En aldeas carentes de todo hallé comida y agua donde poder lavarme. Esto parece normal en nuestro mundo, donde en los grifos nos mana el agua, y si no, nos quejamos a la comunidad, o a los ayuntamientos, o a los gobiernos y vuelven a llenar, el no sabemos que, que nos devuelve el manantial a nuestra casa. Pero allí, la cosa es diferente, las mujeres o los niños han de caminar kilómetros de ida y vuelta, casi siempre andando, el que tiene mejor suerte: en burro, hasta encontrar un pozo que no se haya secado y les permita llevar un cubo de agua, que representará el caudal, de uno o varios días, para lavar y comer. ¡A mí no me faltó un cubo de agua templada!
Que casualidad que los países más pobres den tanto cobijo y riqueza de verdad. Pero es la donación generosa del que conoce la pena de no tener, el que mejor saber dar.
Todo este “cóctel molotov ” estalló en mi interior. Fue en 1992 cuando me acerco a barrios necesitados de mi ciudad, donde vuelvo a ver la mejor cara de la humildad.
Conozco niños y familias que para mí ya dejan de ser una estadística y empiezan a tener ternura en su cara, sus ojos, sus manos…
Este torrente cambia mi interior, pero también mi exterior. Donde empieza la incomprensión y guerras donde yo sólo esperaba paz y armonía. Pero el proceso está en marcha… ya es imparable.
Estas imágenes no pretenden ser la historia de grandes viajes, sino la vivencia de pequeños encuentros. Tampoco intentan competir con los grandes maestros y genios de la fotografía. Ya no tengo ese interés: los pobres anularon mis ambiciones. Sólo pretende un acercamiento con la vida, las costumbres y en definitiva las personas que me han enseñado, me han marcado y sobre todo, en su humilde pobreza, es donde he descubierto al ser humano con auténtica grandeza.
En las imágenes he sentido miradas conspiradoras de afecto, de ternura. No importó las diferentes lenguas o los distintos países, incluso continentes. Sólo éramos personas con ternura en los ojos, en las manos.
Por contraste y por aprendizaje me extendí a países del primer mundo y allí además de un conocimiento cultural, no crecí en el sentimiento, pero ello también enriquece aunque sea por discordancia.
Y así os presento esta colección fotográfica.