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Raúl Herranz

Los viajes en la actualidad representan una válvula de escape a nuestro estrés, a nuestra lucha cotidiana. Yo tuve la suerte de hacer algunos viajes que significaron la forma de escapar de la monotonía e incluso ir al conocimiento de otras culturas. Pero fue tras mi viaje a la India en 1991 donde sentí una revolución interior. Pues la India, es un país del que su gran espiritualidad inspira dos sentimientos radicales y encontrados: o te repele, o te enamora… ¡Y a mí me enamoró!

Todo continuaría igual, pero no dentro de mí. Empezaron a ser resonantes gestos, personas, humildades en definitiva… Gentes que su muerte era una continuidad, su vida una donación.
Entendí el abrazo de Madre Teresa a sus pobres y la dejación de mercadería barata que representa lo cotidiano, desde el punto de vista de tener.

Seguí recorriendo otros países y se cruzaron en mi camino historias que inexplicablemente me inquietaban amorosamente.

Como sería Eritrea en 1995 el país más pobre y seco de la tierra. Fue otro duro golpe. En aldeas carentes de todo hallé comida y agua donde poder lavarme. Esto parece normal en nuestro mundo, donde en los grifos nos mana el agua, y si no, nos quejamos a la comunidad, o a los ayuntamientos, o a los gobiernos y vuelven a llenar, el no sabemos que, que nos devuelve el manantial a nuestra casa. Pero allí, la cosa es diferente, las mujeres o los niños han de caminar kilómetros de ida y vuelta, casi siempre andando, el que tiene mejor suerte: en burro, hasta encontrar un pozo que no se haya secado y les permita llevar un cubo de agua, que representará el caudal, de uno o varios días, para lavar y comer. ¡A mí no me faltó un cubo de agua templada!
Que casualidad que los países más pobres den tanto cobijo y riqueza de verdad. Pero es la donación generosa del que conoce la pena de no tener, el que mejor saber dar.

Todo este “cóctel molotov ” estalló en mi interior. Fue en 1992 cuando me acerco a barrios necesitados de mi ciudad, donde vuelvo a ver la mejor cara de la humildad. Conozco niños y familias que para mí ya dejan de ser una estadística y empiezan a tener ternura en su cara, sus ojos, sus manos…

Por contraste y por aprendizaje me extendí a países del primer mundo y allí además de un conocimiento cultural, no crecí en el sentimiento, pero ello también enriquece aunque sea por discordancia.

Y así os presento esta colección fotográfica.